
Me gusta mentir sólo para llamar la atención y recordar mis viejos recuerdos falsos. Hacer de todo una alegoría para después reírme como niña, cuando me escondía de mamá para no hacer pipí en la basinica. Pero siempre me encontraban porque el naranjo no era lo suficientemente grande o alto, no sé. Ahora el naranjo es un arbusto y no me cubre ni la mitad. Y quiero darle color a estas voces, pero se me hacen grises en la garganta. Ay, tan necesitada de atención. Ay, con sueño hasta las rodillas, los hombros se me han votado en huelga y no quieren que nada los sostenga para así no tener que sostener a nada. Y los brazos, pobres brazos, sin culpa los inocentes se ven botados en el tarro de basura, ese que hicieron con escarcha roja porque parecía salpicadura de sangre. Pero no debo reparar en todo esto, pues podría ser mentira . El amor no ha venido a rescatarme. Los versos no me han sacado suspiros porque plagio una canción, de nuevo estoy en el inicio. Con la cabeza en las manos y la lengua en la misma parte, con los dedos en la culpa, en la rabia, en la pena.
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